Su uso tiene esa doble finalidad, la protección y seguridad frente a agentes agresivos tanto físicos como químicos, y la permanencia del aspecto estético, que en muchas ocasiones persigue un motivo corporativo.
El descontrol en el deterioro de una superficie industrial, que se oxida o se corrosiona, puede provocar grandes pérdidas económicas si no se realizan con frecuencia trabajos de mantenimiento y seguridad.
Las piezas metálicas llegan a la corrosión porque entran en contacto con el oxígeno, que es lo que lo provoca, pero la pintura es plástica y evita ese contacto por ello la mantiene segura. Y la oxidación es causa de reacciones químicas, dónde la superficie cede electrones aumentando el estado de óxido. Nuevamente la pintura industrial juega un papel fundamental en su optimización.
